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Nuevas claves en la lucha contra el cáncer

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Aug 12, 2015 - 7:40:31 AM


Gabriel Rabinovich, investigador superior y Mariana Salatino, investigadora adjunta del CONICET.

Un nuevo trabajo, fruto de una colaboración entre el laboratorio del investigador José Conejo García de la Universidad de Philadelphia, Estados Unidos, y el Laboratorio de Inmunopatología del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME, CONICET-FIBYME), en Argentina, revela el vínculo que existe entre determinados microbios y el crecimiento de tumores a distancia en el organismo.

Los resultados muestran que ciertas bacterias intestinales activan a determinados receptores llamados Toll (particularmente Toll 5 o TLR5). Esto induce una cascada de eventos inflamatorios que termina desencadenando el crecimiento tumoral. Según los investigadores, la posibilidad de descifrar las interacciones existentes entre ciertos microbios y el sistema inmune permitiría a futuro descubrir nuevas vías para combatir el cáncer.
 
“Se sabe que los seres humanos estamos colonizados con trillones de microbios (microbiota) en el tracto gastrointestinal, el respiratorio y en la piel”, explica Gabriel Rabinovich, investigador superior del CONICET en el IBYME y uno de los autores.

“Estas bacterias son beneficiosas: su presencia constituye la primera línea de defensa contra ciertas infecciones y mantienen alerta la respuesta inmune”, agrega. Sin embargo, trabajos recientes demostraron que las interacciones entre ciertas bacterias y el sistema inmune resultan críticas para controlar en forma positiva o negativa la progresión de tumores.
 
Según comentan los investigadores, el sistema inmune es capaz de identificar a las bacterias a través del reconocimiento de los receptores TLR (Toll-like receptors) presentes en las células del sistema inmune. Se sabe que alrededor del 7.5 por ciento de la población posee una secuencia diferente en este receptor que anula la función de un TLR: el TLR5.
 
“Esta ‘inofensiva’ variante en la secuencia se denomina polimorfismo. A pesar de que este polimorfismo se encuentra en individuos totalmente sanos, se sabía que estaba asociado con un aumento en la susceptibilidad a determinadas enfermedades relacionadas con infecciones”, dice Rabinovich, y comenta que hasta ahora se desconocía su influencia en cáncer.
 
Recientemente se demostró que cuando la microbiota del intestino activa la vía del TLR5 se desencadenan eventos que afectan la progresión tumoral, aún cuando los tumores se encuentren fuera del intestino. Lo que se encontró fue que la señalización a través del TLR5 modula el avance de ciertos tipos de cáncer extra-intestinales y que esto depende de la capacidad del tumor de producir IL-6, una pequeña molécula (citoquina) que aumenta la inflamación.
 
“En ratones con cáncer de ovario o sarcoma, que tienen el TLR5 activo, las bacterias comensales son capaces de estimular la producción de IL-6 y estimular a dos tipos diferentes de células para que aumente la producción de galectina-1, una proteína con propiedades inmunosupresoras y cuya presencia promueve el escape a la respuesta inmune de las células tumorales, la formación de nuevos vasos y el crecimiento tumoral”, explica Rabinovich, quien junto a su equipo estudia hace años el rol de esta proteína en cáncer y enfermedades inflamatorias.
 
Según los autores, lo interesante de estos resultados es que este fenómeno pro-tumoral dependía de la presencia de bacterias comensales. Si a los ratones con TLR5 activo se los trataba con antibióticos, o sea que se mataban las bacterias comensales de su intestino, el crecimiento del tumor distante disminuía.
 
En este sentido el equipo demostró que en cáncer de mama ocurre lo opuesto. Ratones que poseen el mismo polimorfismo, o sea que no tienen el TLR5 funcional, poseen tumores incapaces de producir IL-6 también pero presentan aún un crecimiento tumoral más agresivo. Rabinovich explica que, en estos casos, la molécula clave es otra citoquina llamada IL-17, que se produce en altas cantidades e induce el crecimiento tumoral.

Fuente: CONICET/DICYT


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